Kristine Tompkins y el mecenazgo ambiental

Carles Francino (Cadena Ser) conversó durante un rato con Kristine Tompkins, una mujer norteamericana que se hizo rica hace unas décadas comercializando una marca de ropa deportiva. Su acierto fue dedicar parte de su fortuna a comprar grandes extensiones de tierra en la Patagonia chilena y argentina con el objetivo de conservarlas y protegerlas de la vorágine capitalista que, a buen seguro, las hubiera tragado para otros menesteres. Ahora aquella vasta extensión se ha convertido en un inmensa zona protegida con varios Parques Nacionales y un programa de conservación de la biodiversidad de gran repercusión ambiental.

Esta iniciativa privada ha despertado el interés de una entidad privada (BBVA) que dedica una parte de sus beneficios a obra social. En este caso, la Fundación BBVA ha decidido homenajear Tompkins otorgándole el premio a la Conservación de la Diversidad que se entrega anualmente. La repercusión mediática de la entidad bancaria ha permitido conocer a los radioyentes la existencia de esta filántropa del medio ambiente y, de paso, también enterarse de los premios.

La difusión del ecologismo en los medios

La cuestión es que el hecho de conceder en un programa de radio una larga entrevista a una persona adinerada que ha decidido reinvertir una parte de sus ahorros en beneficio de la comunidad despierta un pensamiento crítico sobre el tratamiento que los medios hacen de la protección del medio ambiente. Probablemente, es más fácil dar voz a una persona que hacerse eco de iniciativas más pequeñas por motivos evidentes. Pero esta tendencia a destacar la iniciativa privada altruista de las élites económicas no es una casualidad. Es más, las grandes corporaciones financieras aprovechan las buenas obras sociales para premiar la clase social a la cual sirven y hacerse publicidad en positivo.

De hecho, el agravio comparativo ha calado fuerte en nuestra sociedad y las pequeñas actuaciones pasan desapercibidas y no llegan a tener ninguna importancia cuando son, en realidad, los sostenedores de la verdadera protección del medio ambiente. Así, echamos de menos la presencia mediática de los testigos de miles de ecologistas anónimos que han luchado para conservar y defender zonas de alcance local, imprescindibles para el sostenimiento de la biodiversidad del Planeta y sin los cuales los grandes espacios protegidos no tendrían sentido.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *